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domingo, 15 de mayo de 2011

Las mentiras

Fuente: Excelsior

• La verdadera guerra contra Calderón es político electoral.
• El verdadero saldo de esa guerra no será en vidas, sino en votos

Ricardo Alemán

Vamos a suponer que el gobierno de Felipe Calderón es —como lo creen no pocos ciudadanos—, el peor de la historia.
Vamos a imaginar que  Calderón es culpable de las 40 mil muertes que le acreditan sus malquerientes y que, por esa razón, debe ser llevado al patíbulo de la historia por su culpa en el “moderno holocausto”.
Y vamos a creer —por un momento—, que todo lo hecho por  Calderón en la lucha contra el crimen, es una torpeza que amerita la caída del segundo presidente del PAN.
Si todo eso fuera cierto, no sólo viviríamos una crisis política, económica y social, peor que la vivida en el gobierno de Miguel de la Madrid —1982-1988—, o en el “error de diciembre” de Ernesto Zedillo —1994-2000—, sino un México parecido al del PRI autoritario, sin alternancia, pluralidad y democracia. ¿Por qué?
Porque es falsa buena parte de la retórica escrita en torno a la culpa de  Calderón en el fracaso de la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico. Y por supuesto que abundará el insulto y la difamación sin argumentos de los que idolatran la intolerancia, —y no faltarán los que sin una sola prueba hablarán de la compra de conciencias—, pero lo cierto es que buena parte de la sociedad mexicana se ha tragado completa, sin digerir y sin saber lo que traga, las mentiras en torno a la guerra contra el crimen.
Van las mentiras.
1.- ¿Es responsable  Calderón de las casi 40 mil muertes de la lucha contra el crimen?
Falso. Más de 80% de esas muertes se han producido por el choque entre bandas criminales.
Es decir, se matan entre sí por la disputa de plazas y rutas. Casi 10% son muertes de policías, militares y marinos —asesinados por los criminales—, y el resto son los ofensivos “daños colaterales”; además de crímenes producto de secuestros o venganzas, como el caso Sicilia.
2.- ¿Es culpa de  Calderón no investigar esas 40 mil muertes, no localizar a los responsables y no castigarlos?
 Falso. En más de 90% de los casos el delito de origen —el homicidio—, es del fuero común, cuya investigación, persecución de los responsables y castigo, compete a los gobiernos estatales.
Todos saben que alcaldes y gobernadores —del partido que se quiera—, no hacen nada, y que se amparan con el argumento de que las peleas entre las bandas criminales, además del secuestro, extorsión, venta y distribución de drogas, son delitos federales.
3.- ¿Es cierto que han muerto 40 mil mexicanos inocentes?
 Falso. Más de 90% de los muertos en la llamada “guerra contra el crimen”, son criminales, sicarios, matones y matarifes. Son delincuentes que decidieron su vida al margen de la ley —con el riesgo de muerte que ello implica—, por los que —salvo el dolor respetable de sus familiares—, seguramente pocos ciudadanos derramarían una lágrima.
¿Cuántos ciudadanos de buena fe —sin contar a los farsantes que sólo buscan renta político electoral—, de los que acudieron a la Manifestación por la Paz, expresaría una condolencia por uno de esos criminales, narcotraficantes, violadores, secuestradores, sicarios, matarifes, pozoleros?
4.-¿Es cierto que es fallida la estrategia del Estado contra el crimen?
Falso, porque en tanto Presidente, en tanto jefe del Ejecutivo, Felipe Calderón es sólo una parte del Estado, no es el Estado. En efecto, es el Presidente, pero no es el “Jefe Máximo”. No tiene el poder que tenían los presidentes priistas de antaño, que eran dueños de gobernadores, alcaldías, policías estatales y municipales.
En todo caso, es fallida la estrategia de una parte del gobierno, porque sus distintas instancias no han sido capaces de un trabajo eficaz y en equipo.
5.-¿ Calderón es culpable de todo?
Falso,  Calderón no es el jefe de los gobernadores, no es el jefe de las policías estatales, no es el jefe de las policías municipales, no es el jefe de los penales estatales, no es el jefe de los Congresos locales, no es el jefe del Poder Judicial local; no es el jefe de los ministerios públicos —ni locales ni federales—;  Calderón no manda en el Poder Judicial, y tampoco da órdenes en el Poder Legislativo.
No manda en la Corte y tampoco en la Judicatura; tampoco manda en el Congreso.
 Calderón no manda en los partidos, y apenas y más o menos tiene control en su propio instituto político. Es culpable, en todo caso, de haber declarado una guerra que viene de lejos y que ningún Presidente, gobernador o alcalde se había atrevido a enfrentar.
6.-¿ Calderón desató al avispero al emprender la persecución contra el crimen organizado y el narcotráfico?
Falso. El argumento se derrumba con sólo apelar a su profundo cinismo. Es decir, señalar que  Calderón es culpable por destapar la cloaca del crimen, es igual a reconocer que todos los presidentes anteriores, los gobernadores y alcaldes, los tres órdenes de gobierno y los tres Poderes de la Unión, vivían sobre un barril de pólvora, y que la culpa de que estallara es de quien hizo ver esa realidad, no de quienes por décadas la fomentaron.
7.- ¿Es cierto que con el gobierno de Calderón llegaron la violencia y el crimen?
 Falso. En este caso también rebosa el cinismo. ¿Desde hace cuantos años el crimen organizado y el narcotráfico se enseñoreó en estados como Sinaloa, Tamaulipas, Chihuahua, Durango, Michoacán..?, y muy poco o nada hacían los respectivos gobiernos del PRI.
Más aún, ¿cuantos gobernadores tricolores eran los jefes de las bandas? La escalada criminal, la organización de las bandas, su multiplicación y las peleas entre los propios capos, son procesos que llevan años. Y durante años nadie hizo nada, todos voltearon a otro lado.
8.-¿De nada sirve la captura de los grandes capos de la mafia, del crimen y del narcotráfico?
Dicen los detractores de Calderón que no sirve de nada capturar o eliminar a los grandes jefes del crimen, porque como la hidra, las bandas se regeneran y sus cabezas reaparecen.
Es cierto que debajo de cada banca criminal, de cada plaza y de cada grupo, existe una estructura organizativa. Pero la caída de los jefes o de sus cabezas es un mensaje fundamental contra la impunidad. Y negar el valor de sus captura, es igual a decir que todo México está de duelo por la muerte de miles de delincuentes.
Sin duda que Felipe Calderón ha cometido muchos errores, que su gobierno puede ser severamente cuestionado por muchos flancos, pero nadie puede ignorar que la mayor guerra a la que se enfrenta es política y electoral. Y los que están detrás de la exaltación del fracaso de Calderón, son los que han propalado buena parte de las mentiras, saben que el verdadero saldo de esa guerra no será en vidas, sino que se traducirán en votos. Y si no, al tiempo.
2011-05-15 00:00:00

domingo, 10 de abril de 2011

Industria de la muerte

Fuente: Excelsior

-¿Qué esperan para correr al inepto gobernador de Tamaulipas?
-¿A poco de verdad nadie sabe nada en San Fernando… y el dinero
 

Ricardo Alemán

Resulta aterrador, por donde se le quiera ver, que por segunda ocasión en unos cuantos meses se descubra que en San Fernando, Tamaulipas, se debe pagar —literalmente—, por seguir viviendo.
Es decir, que desde el hallazgo macabro de una ejecución masiva contra decenas de indocumentados centroamericanos, las autoridades del municipio de San Fernando, del estado de Tamaulipas y, las federales, sabían de la existencia de una verdadera industria del crimen y la muerte en esa región del país y —por indignante que resulte—, nada hicieron todas esas autoridades, hasta que conocimos la nueva masacre. Y precisamente la mejor prueba de la ineficacia gubernamental, es que el fenómeno está de vuelta, ahora contra viajeros nacionales del servicio de transporte público.
Pero lo verdaderamente aterrador —incluso más que el segundo lote de fosas clandestinas—, es que el fenómeno se repita una y otra vez, sin que los tres órdenes de gobierno puedan —no se diga llevar a prisión a los responsables—, siquiera contener esa industria de la muerte. ¿Quien es responsable de vigilar las carreteras, de la seguridad municipal en San Fernando, y en estados como Tamaulipas?
Está claro que se trata de una grave falla y, sin duda, una imperdonable irresponsabilidad de los tres órdenes de gobierno; municipal, estatal y federal, que por las razones que sean no han actuado de manera correcta a pesar de que es la segunda “camada de muerte” que se descubre en ese municipio.
Complicidad ciudadana.
Sin embargo, también es cierto que pudiera existir responsabilidad y hasta complicidad entre habitantes de San Fernando y de otros municipios de la región. ¿Por qué? Porque además del elemental sentido común, según especialistas en criminología, una industria del crimen como esa no pasa desapercibida en un pueblo, región o municipio.
Y lo explican de manera didáctica: un crimen se puede ocultar con relativa facilidad; diez crímenes es mucho más difícil mantenerlos en secreto, pero cientos de crímenes, por muy bien organizada que esté la banda criminal que los comete, es prácticamente imposible mantenerlos en secreto.
Es decir, que en el caso de San Fernando, estaríamos ante una fuga masiva de información sobre la identidad de los criminales, sus jefes, la banda completa… ¿Por qué? Porque además de matar, todos los integrantes de la banda criminal tienen familia, hijos, padres hermanos, esposa; todos ellos comen, consumen básicos, visten, tienen que hacer vida social, se divierten, mueven la economía de sus regiones… Por eso la pregunta elemental.
¿De verdad nadie en San Fernando sabe nada? ¿Nadie conoce a los criminales, a los jefes de la banda; nadie sabe, a pesar de los cientos o miles de muertos? ¿A poco nadie podría localizar decenas o centenares de fosas clandestinas? Pero si eso no convence a los incrédulos, acaso los convenza el refranero popular. Dice: “Todo se puede ocultar, menos el dinero y lo pendejo”. Es decir, ¿a donde va a parar el dinero producto de las extorsiones? ¿A poco no se derrama en San Fernando? Está claro que se trata de una industria del crimen y de la muerte.
Y es que el asesinato de cientos de personas en San Fernando, Tamaulipas, —en dos eventos mataron a 130 personas—, nos habla más que de una industria regional del crimen, que vive del asesinato masivo de personas, que por su naturaleza no puede ser ajena a distintos sectores de la población en donde se ejerce el “negocio de la muerte” —incluida la autoridad—, y que por eso opera impune.
¿Si pagas, vives; si no, mueres?
¿Cómo funciona es industria? Todo está dicho, antes, durante y después de la matanza de indocumentados. Y todo se dirá ahora y después del hallazgo de 72 cuerpos. Los criminales instalan retenes en las carreteras federales. Detienen a todo aquel que les puede reportar ganancias. Una vez seleccionados los más rentables, llaman a la familia, piden dinero por su rescate, y los liberan cuando se ha pagado éste. Otros pagan su libertad con lo que llevan; dinero o vehículos, o siendo enganchados. Los que no tienen quien pague cinco o diez mil pesos por sus vidas, son asesinados.
Cuántos miserables no tienen ni un teléfono donde localizar a sus familias; cuántos no tienen forma de comunicarse para pagar el rescate; cuántos no aceptan ser sicarios… todos los que no son rentables, son carne de fosa clandestina. Por eso se puede aventurar que, en San Fernando y municipios aledaños, la industria de la muerte pudiera reportar el asesinato no de cientos, sino de miles de personas.
Lo irracional del hecho —sólo explicable por una patología criminal—, es que los asesinos condenan a muerte a todo aquel que no reporta beneficio económico a su causa, a su negocio, como si sólo valiera la vida humana de  aquellos que tienen dinero o bienes para pagar por ella y seguir su camino, claro, con vida.
Pero aún no se responde otra pegunta fundamental. ¿Por qué en estados como el de Tamaulipas, incuban industrias como la del crimen y la muerte, sin que los gobiernos estatales y municipales puedan hacer algo?
Gobernadores nini.
La respuesta, también resulta aterradora, a pesar de que partidos y políticos lo niegan. ¿Por qué? Porque desde el fin de la hegemonía del PRI en el poder presidencial, los gobiernos estatales se trasformaron de vulgares virreinatos, a poderosos feudos, donde el respectivo señor feudal hace y deshace, manda sobre las vidas y los bienes, y en donde esos gobernantes todopoderosos se dan el lujo de declarar “personas non gratas” a sus adversarios políticos —como el caso del ñoño gobernador de Veracruz—, pero que se hacen de la vista gorda cuando se trata de combatir el narcotráfico.
Pero acaso el ejemplo más aterrador de los gobernadores nini —que ni gobiernan, ni mandan, ni combaten el crimen y menos el narco—, es justo el del gobernador de Tamaulipas. Todos saben que el inepto gobernador de Tamaulipas Egidio Torre, llegó al cargo no por méritos, habilidades, cualidades o destrezas, sino porque los criminales mataron a su hermano. Es decir, llegó por lástima. Y claro, ahora da lástima. Y es que los criminales consiguieron su objetivo, porque en los hechos, en Tamaulipas no hay gobiernos estatal, y menos gobiernos municipales. Al tiempo.
En el camino.
Por sus obras los conoceréis. ¿Y que tal el fracaso, la farsa y la burla en que terminó la Universidad del DF, creada por AMLO?.  Dice su propia rectora que es “un fraude”. ¡Ejemplo de eficacia! ¿Qué tiene que ocurrir para que abran los ojos y se atrevan a ver al farsante?
2011-04-10 05:00:00