domingo, 18 de julio de 2010

Narcoterrorismo

Fuente: Excelsior
En nuestro país, alejado del entorno de burkas y guerras santas, empezó sembrando miedo entre cárteles rivales.

Yuriria Sierra

Un coche bomba en Ciudad Juárez, táctica terrorista cuya presencia sólo era cuestión de tiempo. Un indicio más de hasta dónde los cárteles del narcotráfico están dispuestos a llegar. Aunque la Procuraduría General de la República asegura que aún no se puede usar el término de narcoterrorismo, pues no se sabe bien a bien qué fue lo que ocurrió con el atentado del jueves pasado, creo yo que tenemos antecedentes claros de que estamos ya en un ambiente de violencia que lo permite todo, también los ataques terroristas. ¿Se nos olvida lo ocurrido en el zócalo de Morelia o el asesinato de Torre Cantú unos días antes de la elección de hace un par de semanas?
Teniendo una ciudadanía aterrada de salir a la calle por temor a no saber si regresará a casa o no, ¿aún así no podemos hablar de narcoterrorismo? Y es que esta acepción no implica rigurosamente que nos imaginemos en una sociedad de kamikazes, porque el narcoterrorismo no derrumba (sólo) edificios, nos convierte en los aterrados convidados de piedra -o el daño colateral- de su estrategia, porque su objetivo es evidente: sembrar terror.
En nuestro país, alejado del entorno de burkas y guerras santas, el narcoterrorismo empezó sembrando terror entre cárteles rivales, después se fue contra las estructuras del Estado y ahora ya lo hace en contra de la población civil. No necesitamos un Al Qaeda para vivir con miedo. Aquí ya lo tenemos casi todo para sabernos entre un ambiente donde el narcoterrorismo se hace presente en cualquier momento. El de allá (el de Medio Oriente) tampoco es ajeno al narcotráfico, se sabe -hay datos precisos- de cómo Al Qaeda protege la ruta del opio, de cómo los chechenos están al servicio de la mafia rusa, de cárteles, de trata de personas, de armas. de cómo Hamas, Hezbollah y otros grupos islámicos radicales trabajan mano a mano con cárteles de nuestro país para ayudarlos al tráfico de armas y droga en Europa y Medio Oriente.
La gran diferencia entre esos grupos islámicos y los nuestros, es que allá hay un adoctrinamiento que les funciona de "excusa" para realizar sus actos terroristas. Hasta la ETA trabaja bajo un pretexto de búsqueda de libertad, pero todos ellos bajo un adoctrinamiento que tampoco les quita la etiqueta de ser vulgares asesinos, como los que tenemos en nuestro país y que no necesitaron de un lavado de cerebro. Y la propia Corte de Justicia española, de la mano de la DEA, logró demostrar los vínculos entre ETA, las FARC y los cárteles colombianos y sudamericanos de las drogas, con el gobierno del presidente venezolano Hugo Chávez.
México nos duele mucho, porque hemos llegado a extremos que veíamos tan lejanos y que hoy son eco de estallidos a dos calles de distancia. Bajo estas circunstancias, no es prudente que nos cerremos a las posibilidades de atender lo que nos parece evidente, vivimos ya en narcoterrorismo, porque esos grupos han logrado su objetivo principal: llenarnos de miedo. Ciudad Juárez es la capital de un Estado violento que ve cómo el cáncer del terror se esparce por todo el país. Para hablar de narcoterrorismo, no hace falta que en nuestro himno nacional se lea "mexicanos al estallido de bomba." basta sólo con hacer recuento de hechos y conteo de vidas de civiles perdidas. Basta con recordar la mirada de esos pequeños evacuados de su kínder en Tijuana hace un par de años.
2010-07-17 05:00:00

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